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El rastreo es una forma de acercarnos a los animales con los que convivimos. Sus recorridos, sus esfuerzos para conseguir alimento, sus escaramuzas, el afán por la territorialidad, sus formas de aseo, hasta sus muestras de alegría. Todas sus actividades pueden quedar recogidas en cualquier elemento que haya tenido la oportunidad de ser testigo del comportamiento de la fauna. Esos testigos nos pueden revelar sus secretos: no sólo la especie que vieron, también qué estaba haciendo, qué motivaciones tenía, qué sabía hacer para satisfacerlas.

Para interpretar sus secretos necesitamos seguir aprendiendo siempre. Por supuesto, sobre la forma de sus patas, dientes, alas, huevos... todo lo referente a sus formas. Pero también son necesarias sus costumbres, y las excepciones a esas costumbres: cuando cambia el hábitat, las condiciones meteorológicas, el tipo de presencia humana...

Rastrear significa seguir aprendiendo.
Es una motivación más para consultar bibliografía, a otras personas, compartir salidas de campo, fotos, y, por supuesto, rastrear supone sorprenderse cuando descubres algo que no te esperabas, pero que las señales indican que sí, ¡ha pasado este animal por aquí!, ¡y ha hecho esto, no me lo puedo creer!

23 feb. 2013

Sapo común (Bufo bufo)

Cada vez es menos habitual encontrarnos por el campo con algún sapo. Aunque su población ha disminuido en los últimos tiempos, aún siguen merodeando por nuestros campos y riberas, o incluso en jardines y zonas más urbanizadas.
Dada su tímida forma de vida y su pequeño tamaño, es posible que no estemos acostumbrados a tenerles muy en cuenta. Si ponemos un poquito de atención en nuestros paseos por el campo, sobre todo en zonas húmedas, podremos enriquecer muchísimo algunos momentos con el simple hecho de encontrar y reconocer las pequeñas huellas de estos pequeños y maravillosos animales.
Solamente tenemos que prestar atención y buscarlas en los lugares adecuados, una vez hecho esto, creo que solamente podremos confundir las huellas de sapo con huellas de rana, lagarto o ratón.


Pasemos a los detalles:
  1. Los sapos poseen cuatro dedos en las manos y cinco en los pies.
  2. La disposición de sus dedos en los pies hace que la huella tenga aspecto de 7, ya que suele presentar únicamente la punta de los dedos alineadas hasta el 4º dedo, y el 5º dedo queda en perpendicular, formando un ángulo aproximadamente de unos 30º. La disposición de los dedos puede ser relevante a la hora de diferenciar un rastro de sapo de uno de ratón, ya que los ratones, como todos los roedores, presentan los tres dedos interiores de los pies muy alineados. 
  3. A diferencia de los ratones o las ranas, que suelen moverse a saltos, los sapos acostumbran a moverse muy lentamente, con las manos giradas hacia el interior de su cuerpo y arrastrando los pies. Lo más común es que la huella de los pies quede sobrepuesta a las huella de las manos. 
  4. El tamaño es muy variable, y puede ser desde 2 mm de ancho en manos hasta 1, 5 cm, por lo que no vamos a dedicar mucha atención a las medidas. 
  5. Los sapos no tienen cola, mientras que la de los lagartos normalmente queda marcada en su arrastre, y la de los ratoncillos a veces también.

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